LA IMBECILIDAD TIENE NOMBRE

Si hemos dicho que la manera como se ha enfrentado la pandemia en nuestro país ha sido afrontada de manera irresponsable, a destiempo y de manera incompleta. Que no se han adoptado medidas amparadas en criterios salubristas y sanitarias a la altura de la intensidad de la pandemia.
Hemos dicho que la información ha carecido permanentemente de transparencia y que los datos que conocemos serían la punta de un iceberg cuyas dimensiones reales bien pudieran ser impresionantes es algo que no sólo nos asusta, es algo que también nos da rabia.
Claramente da rabia el no comprender la Salud como una cuestión de Seguridad Nacional, ya que si como Estado no somos capaces de asegurar el bienestar pleno de la población no seremos capaces de asegurar la marcha de la nación, de la economía, el trabajo, la educación, la salud, el deporte, la recreación, la cultura, es decir, todo aquello que nos hace.
Así es como nos hemos dado cuenta, y oportunamente denunciado que aquí ha imperado una mirada puesta en ciertas áreas de la economía. Desde La Moneda se ha intentado legislar y; conseguido la mayor de las veces proteger la empresa bajo el subterfugio que es esta la que garantiza el trabajo, sin comprender que es el trabajo asalariado lo que garantiza la ganancia de las empresas. Ha descuidado la protección de aquellos sectores sociales a los que se les han vulnerado sus derechos esenciales, al trabajo, a la salud y la educación entre otros.
Si antes hablar de sectores vulnerables parecía un eufemismo, hoy claramente se comprende como una vil mentira para esconder una nueva manera de diluir los recursos del estado en manos de los mismos de siempre.
Desde el Gobierno se ha pretendido, desde un comienzo que la crisis generada por la pandemia, la paguen los trabajadores, tanto financieramente como en el engrosamiento de las estadísticas, que cada día se visten más de muerte, haciendo el llamado a economizar los Elementos de protección personal, usando los mismos buzos y mascarillas.
Mienten quienes dicen que el coronavirus es un virus democrático, mienten, porque no todos estamos expuestos, no todos los chilenos pueden viajar a la India, a China, a Estados Unidos, Francia, España o Italia, por solo nombrar algunos países en donde la pandemia ha causado grandes estragos para traer luego la contaminación a comunas acomodadas o a sectores hiperdotados.
No todos los chilenos tienen la irresponsabilidad de los que se saben, o creen poderosos, quienes, aun sabiendo que han estado expuestos al contagio, y posiblemente sabiéndose infectados van a gimnasios cuyos precios son elevadísimos para la gran mayoría que aún se encuentra en la cota pobreza de nuestras estadísticas, e infectan sin pudor alguno, o quienes tienen la capacidad para viajar, casi bajándose del avión a alguna provincia del sur a un matrimonio y contagiar a destajo.
Es así, como los primeros fallecidos no son de los sectores más pudientes, son ancianos, personas que dieron su vida de esfuerzo para que nuestro país subiera en los estándares de crecimientos, crecimiento que algunos pretenden igualarlo con el desarrollo, contagios que pudieron ser evitados si no hubiese habido notable abandono de deberes de servicios que no se atrevieron a proteger a la población ni a sus funcionarios, como ocurrió en la COMPIN Central en Santiago y en la Seremi de la Región de la Araucanía.
Durante todos estos días, desde que se conoció el caso índice las autoridades han deambulado entre la ignorancia, la imbecilidad e improvisación, lo han hecho con la adopción de medidas efectistas más que efectivas, con la contratación de personas, en la Autoridad Sanitaria sin conocimientos, capacidades ni competencias para realizar los trabajos que la epidemia exige. Se ha pretendido contratar, a través del Código del Trabajo, a “fiscalizadores exprés”, sólo para mostrar una supuesta eficiencia en recolectar números, incluso, en algunos lugares, se ha pretendido que la soldadesca levante Actas, sin saber siquiera de qué se trata.
Lo hemos dicho, lo decimos, lo diremos, lo denunciamos, y lo seguiremos haciendo. Hay que Fortalecer la Autoridad Sanitaria, pero hay que hacerlo desde dentro. Los trabajadores de la Autoridad Sanitaria, a lo largo del país hemos estado, estamos, y seguiremos estando disponibles para cumplir con nuestro compromiso de proteger la salud de la población.
Bien sabemos la relación entre el chancho y el afrecho, y la culpa de los males que afectan a nuestra sociedad. La coronación de la mentira oficial comenzó con un peculiar instructivo respecto del “Uso de las mascarillas” en lugares que hoy se encuentran con prohibición de funcionar, para cuando “entren en funcionamiento” dijo el Ministro de Salud, antesala de una normalización por decreto, al igual que lo ocurrido por el término administrativo de las listas de espera, anunciadas con una espectacular fanfarria, por el Ministro Mañalich, en el Gobierno anterior del presidente Piñera.
Sin embargo, hay algo que lleva al paroxismo, la decisión de su ilustrísima excelencia, Señor presidente la República, al instruir que los trabajadores públicos vuelvan a realizar trabajo presencial, a partir del próximo lunes 20 de abril a través del Oficio Circular N° 18 de fecha 17 de abril de 2020 suscrito por los ministros del Interior y de Hacienda, claramente vulneratorio de derechos básicos y principios del ordenamiento jurídico y administrativo.
Si el Presidente y sus Ministros hicieron la ecuación, y proyectaron los datos de los contagiados y los eventuales fallecidos, correlacionándolos con la producción y la productividad nacional y apostaron por asegurar el crecimiento potencial del capital por sobre la vida humana, que lo digan y asuman las consecuencias. Pero, no vengan a disfrazar una decisión con argumentaciones tan rocambolescas como que los muertos ya no contagian y por ello es que se suman a los recuperados, o que el uso de las mascarillas son la solución para el funcionamiento normal de los Mall, cines, supermercados, o todas las esferas en las que la economía se expresa. La imposición de la vuelta al trabajo, la suspensión de las alternativas de teletrabajo, la despreocupación por el cuidado infantil, de los grupos de riesgo y la tercera edad son una clara evidencia de la fascistización de las últimas medidas que desde La Moneda se han adoptado.
Por, cierto Chile, a partir del lunes, estará en condiciones de dotar de elementos de protección personal a todos sus trabajadores, suficientes en calidad y cantidad, de dotar de alcohol gel en los puestos de trabajo, ya sean estacionarios o móviles, de ampliar los espacios en los lugares de trabajo, casinos y comedores de los trabajadores para garantizar el distanciamiento social. Un acto pirotécnico o mágico al que las autoridades ya no habían acostumbrado con el término por decreto de las listas de espera o de los embarazos de 13 meses.
Como siempre se privatizan las ganancias y se socializarán las pérdidas y se van a concentrar en los hogares de los trabajadores chilenos.
Ninguna consideración con esas madres que deben cuidar a sus hijos que no pueden quedar solos en casa, ni quienes son cuidadores de personas con sistema inmunitario deprimido o que tienen a familiares octogenarios a su cuidado.
Manifestamos, nuestro más inclaudicable rechazo, a esta medida, que escapa a todo criterio salubrista, epidemiológico y sanitario, y sienta sus reales en el potenciamiento del capital, por sobre la seguridad, la vida y el bienestar pleno de nuestra comunidad.
La pandemia, si es comprendida como una cuestión de Seguridad Nacional la enfrentamos entre todos, o la perderemos definitivamente.

Nos declaramos en Estado de Alerta

La lucha y la victoria estarán de nuestro lado.
DIRECTORIO FENFUSSAP

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